Mi primer relato corto

Suelo escribir bastante. No sólo aquí, sino todas las noches me gusta escribir un poco antes de acostarme. Me relaja y me libera de todos aquellos pensamientos, sentimientos, sensaciones y demás que durante el día me acechan. Es algo que se ha convertido ya en casi una costumbre que, por pesadez de algunas de mis mejores amigas, he decidido compartir ahora en este momento de mi vida. Siempre que se lo comento y les adelanto algo de aquello que me preocupa me invitan y animan para que me atreva a hacerlo público. Hasta ahora no lo habían conseguido porque para mí era como una especie de invasión a mi intimidad, pero hace poco hablando con ellas surgió una idea distinta. Hacer ajenos mis propios pensamientos. Así que ahí va una especie de relato corto, breve, de todo aquello que va sucediendo en mi vida. Espero sea el primero de muchos y que os gusten.

soñar-en-blanco-y-negro

Abrí la puerta y una mirada familiar se cruzó en mi camino. “Imposible” pensé. “Imposible” me repetí una y otra vez.

Pero sí, allí estaba. Me quedé petrificada con los enanos correteando a mi alrededor. Era como una de esas estatuas impasibles que admiras en un museo. Desaliñada, con papilla por todas partes, sin duchar… vamos, un desastre total. Esa era yo en el peor día de mi vida en el que se me habían pegado las sábanas y me desperté disparada y con el ritmo a cien mil por hora para poder llegar a tiempo al colegio con los peques.

Y allí estaba él. Impoluto. Perfecto.

Mi cabeza llamaba a la desesperada a mis piernas para que siguieran avanzando, pero no había manera. Los enanos estiraban sin éxito de mis extremidades para que siguiera. Tenía el corazón a punto de salirme por la boca.

“Imposible”. Era la única palabra que podía repetir una y otra vez en mi interior.

El gentío pasaba por mi lado y el suyo ajeno a todo ese tumulto de sentimientos y recuerdos que se agolpaban en mi interior. Entraban y salían de la boca del metro y allí estábamos nosotros, como si alguien hubiera detenido el tiempo en la cinta de nuestra vida.

Hasta que el destino volvió a pulsar el ON. Y sonó su voz. Esa que tanto había anhelado escuchar. La que tanto amor que regaló antaño y que tanto había odiado más tarde. Esa voz cálida y envolvente que me susurraba al oído bellas palabras de amor mientras un hormigueo cubría mi estómago y su aliento erizaba el vello de mi cuerpo. Esa voz que, junto sus ojos negros, era imposible que no te cautivara.

Y de nuevo, me desarmó con un simple “hola” y aquella media sonrisa.

Dentro de mí todo empezó a fluir de nuevo a una intensidad desorbitada. Y simplemente pude responder “Tú…”

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