Palabreando para ser mejores

Este mes, nuestro mes, llega casi sin quererlo a su ecuador. Y queriendo escribir alguna cosa bonita en nuestro día, se me pasó volando por causas ajenas sin poder dedicarnos ni una palabra. Y eso, sencillamente, es lo que quiero hacer hoy, palabrear.

Fue el otro día cuando con motivo de nuestro mes y nuestro día acudí a uno de esos actos que organizan alrededor del 8 de Marzo donde vivo. Suelo ir siempre que puedo porque me parece un espacio perfecto para conectar entre nosotras, relajarnos de nuestros quehaceres y compartir visiones diferentes. Es difícil con el ritmo que llevamos coincidir de una forma relajada con otras mujeres que no sean las de tu entorno y tener tiempo de intercambiar pareceres. Así que me resulta muy agradable cuando esto ocurre e intento no perderme ninguna.

Y ahora sí voy a entrar en materia, que de lo contrario me pierdo por las ramas y estas pueden llega a tocar el cielo ;).

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Acudí a una de esas charlas que ofrecen yo creo en todos los lugares para ayudar a ser mejores personas. Porque sinceramente creo que, al final, todas ellas lo que pretenden es que cada una de nosotras mejoremos. Porque sólo así podremos mejorar la vida de los nuestros. Y si los nuestros están bien con nosotros, también lo estarán en sus respectivos entornos. Y así facilitarán la vida de los que les rodean, que también serán más felices cuando dejen de estar con ellos. Y así sucesivamente, podemos entre todos crear una rueda para ser mejores y, al final, crear un mundo mejor.

Y estos pensamientos son los que se trabajan muchas veces en este tipo de reuniones o charlas o conferencias o como quieran llamarlos. En ellas se transmiten conocimientos, se comparten experiencias, sentimientos, frustraciones, esperanzas… que muchas veces callamos por temor o vergüenza,  pero que soltamos en encuentros como estos, sintiendo tras ello una gran liberación. Como si nos hubiéramos quitado realmente un peso de encima.

Llevo varios años asistiendo a eventos de este tipo y creo que para muchas mujeres es como acudir al psicólogo. Encuentran un lugar donde desahogarse y alzar su voz, reivindicándose como lo que son o como lo que aspiran a llegar a ser algún día, asintiendo ante las palabras de otra que expresa en voz alta aquello que ambas comparten en silencio, permitiéndose sentirse ellas.

Y, al final, si lo analizamos bien, vemos que son las palabras las que nos animan a todo ello y más. Porque son las palabras las importantes. Porque la palabra es poder -como decían en tiempo inmemoriales ya. Y queriendo, podemos provocar dolor y sufrimiento con ellas, pero también podemos hacer mucho bien.

Con las palabras podemos enfocar nuestros despertares matutinos para pensar que hoy va a ser un gran día. Entonces tú misma puedes cargarte de energía positiva para afrontar con serenidad y buen talante aquello que vas a vivir, aunque sea inesperado y desagradable. Porque como todo, es distinto dependiendo del color con que se mira y lo podrás vivir de otra forma dependiendo de cómo tú lo recibas y lo interiorices.

Esto, explicado de forma mucho más psicológica y rimbombante, es lo que fui a escuchar en esta ocasión en una charla que, sinceramente, me encantó. La ponente empleó palabras -nunca mejor dicho- aptas para todas las que allí nos habíamos reunido. Y la conclusión fue esto que he querido compartir hoy. Usemos las palabras para crear un mundo mejor, porque nadie más que nosotros podemos dotarlas de mayor poder para hacernos mejores, sentirnos felices y alcanzar nuestras metas.

Así que… palabreemos!

#mujer #mujeres #mujeresimparables #diainternacionaldelamujer #palabras #palabrasbonitas #woman #women #womenunstoppable #internationalwomensday #words #beautifulwords #donna #donne #donneinarrestabili #giornatainternazionaledelladonna #parole #belleparole

 

http://viratavita.blogs.charhadas.com/

 

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Infinitas gracias por llenar la botella, Irene

Que soy una persona positiva ya lo saben todos aquellos que me conocen. Tiendo siempre a ver la botella medio llena, aunque sea de aire, porque este también es necesario para ser feliz. Pero aún así, hay días en los que es inevitable ver que el recipiente se va vaciando sin poder hacer nada. Y esto, irremediablemente, duele.

Duele caminar cuando todo oscurece y la espesa niebla es tu compañera de viaje. Duele querer llegar a una meta que creías cercana y, de repente, se vuelve inalcanzable. Duele darse cuenta que no podemos controlar todo y que, en ocasiones, ocurren cosas sobre las que no tenemos ningún poder. Duele no poder contar con aquello u aquellos en los que habías creído. Duele construir una idea y que esta caiga de la noche a la mañana, como el viento que susurra y deshace cualquier castillo de arena porque al final, es eso, una endeble estructura creada en tu mente que no se sostiene si no es con tu pensamiento e imaginación. Y de eso, como ya sabéis, tengo bastante.

Sin embargo, ocurre a veces que en el momento más inesperado y cuando ya empiezas a cuestionarte algunos de los principios y creencias que sostienen tu ser, sucede el milagro.

Sin buscarlo ni esperarlo cae en tus manos una lectura que vas desgranando con ansia porque llena cada uno de los espacios dejados por ese viento. Y es entonces cuando alzas la comisura de tus labios, cierras los ojos y miras en silencio a tu alrededor para darte cuenta de lo afortunada que sigues siendo a pesar de todo. Y vuelve todo tu ser, poco a poco, a reconstruir todo lo que siempre había sido.

Por eso quiero dar las gracias, infinitas gracias, a Irene Villa. Porque su libro Nunca es demasiado tarde princesa cayó en el momento justo en mis manos y, desde el primer minuto, supe que iba a ser la fuente de energía positiva que necesitaba en ese momento. Porque ocurre en ocasiones que nosotros, los optimistas, también necesitamos nuestro chute de positividad. Y eso es lo que está siendo este libro para mí. En cada capítulo descubro nuevas razones para ser feliz y para agradecer infinitamente a la vida que, como reza la canción, “me ha dado tanto”. Y a pesar de que siempre estemos aspirando a más, es mucho, muchísimo, lo que me ha dado. Y es mucho, muchísimo, lo que me abren los ojos todas las historias que vas desgranando en este libro.

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Es la primera vez que te leo y me has encantado. Guardaré tus lecciones de positividad en mi recámara para sacarlas y releerlas siempre que las necesite. Porque gracias a ellas se va llenando de nuevo la botella.

Mil gracias Irene!